6.3 Análisis de riesgos

La finalidad de esta fase es precisar la magnitud, trascendencia y evitabilidad de los riesgos en estudio En función del mismo podrá establecerse la prioridad de los planes de reducción, eliminación o mitigación.

a) Magnitud y trascendencia

La estimación más precisa de la magnitud del riesgo la proporcionan los grandes estudios epidemiológicos de la frecuencia y distribución de los efectos adversos en los diferentes servicios y unidades de los centros sanitarios.
Para determinar la magnitud de los efectos adversos, con menor precisión pero con notable utilidad, son de interés la vigilancia de los indicadores de seguridad, e incluso, pese a los sesgos de observación que conlleva, la simple experiencia acumulada a lo largo del ejercicio profesional.
De mayor a menor probabilidad de aparición, el riesgo lo podemos clasificar en frecuente, probable, ocasional, infrecuente y raro 1.
La valoración de la trascendencia tiene, cuanto menos, dos componentes. La gravedad clínica del riesgo y el impacto de otro tipo que puede suponer su aparición.
La gravedad clínica es el aspecto crítico y más objetivo. Puede ir del fallecimiento a producir una prolongación de la estancia hospitalaria o molestias de escasa relevancia.
La aparición de determinados efectos adversos puede dar lugar a repercusiones sociales, económicas, mediáticas, medioambientales, judiciales,... de impacto variable. Este puede clasificarse en: catastrófico, importante, moderado, pequeño o insignificante.
A la representación gráfica que relaciona la trascendencia (impacto y gravedad) con la magnitud (frecuencia o probabilidad de aparición) de un riesgo, se la denomina matriz de evaluación de riesgos
La valoración de ambas dimensiones es habitualmente cualitativa. Sin embargo, en algunos casos es posible hacer valoraciones de mayor precisión.
Ej. Menos de un caso por 1.000.000 de exploraciones; de 1/100.000 a 1/1.000.000; de1/10.000 a 1/100.000; de 1/1.000 a 1/10.000; de 1/100 a 1/.000 o más de 1/100.
La matriz (figura 5) permite agrupar los riesgos en las siguientes categorías: riesgos intolerables por su altísima probabilidad y trascendencia; importantes, con menor probabilidad y repercusiones; moderados, de trascendencia moderada o tolerable y probabilidad media de aparición; y bajos, debido a su escasa frecuencia y relevancia.

b) Posibilidades de prevención

El estudio de la evitabilidad o de las posibilidades de prevención, exige considerar los siguientes aspectos:

  • La factibilidad científica, por medio de un análisis de la evidencia disponible sobre los métodos de prevención.
  • La factibilidad económica y el coste-oportunidad de las actividades dirigidas a la prevención, aspecto que necesariamente hay que valorar, a fin de hacer un uso eficiente y efectivo de los recursos.
  • La estrategia de reducción, considerando si va a ser por medio de normativas o procedimientos, de controles, de nueva tecnología diagnóstica o terapéutica, …
  • El previsible riesgo residual tras el desarrollo de un programa de prevención, analizando si puede conseguirse el riesgo 0.

En función de los aspectos citados el riesgo podrá considerarse inevitable, reducible o evitable.
La prioridad de intervención será tanto mayor, cuanto más importante sea el riesgo (intolerable, importante, moderado y bajo) y la factibilidad de la intervención.
En definitiva, un efecto adverso es evitable, si no hubiera sucedido en el caso que el paciente hubiera recibido los estándares de cuidado apropiados para ese momento y condición.

c) Planes de control

El estudio del riesgo y de la factibilidad de su prevención permite orientar los planes de prevención en tres grandes líneas:

  1. Planes de erradicación, centrados en la eliminación de todos aquellos factores que pueden contribuir a la aparición de un efecto adverso claramente evitable, de acuerdo al conocimiento disponible, factibilidad económica,….Ej. programas para prevención de transfusiones erróneas, protocolos dirigidos a evitar el olvido de cuerpos extraños en el curso de intervenciones quirúrgicas,…
  2. Planes de reducción, dirigidos a controlar aquellos aspectos que pueden reducir de forma significativa la aparición de sucesos adversos no evitables por completo. Ej. Protocolos de prevención de infecciones asociadas a catéter, caídas de pacientes, errores de medicación,…
  3. Planes de mitigación, encaminados a minimizar las posibles consecuencias de la aparición de un suceso adverso, actuando precozmente sobre el mismo (ej. Programas de actuación ante parada cardiorrespiratoria) o asegurándolos.
Las características y objetivos del plan elegido, (Figura 7 y Figura 8)  dependerán de la consideración de la factibilidad de eliminar los riesgos total o parcialmente, y de suprimir o no los factores que los condicionan.
 



1. Teare EL, Masterton RG. Risk management in pathology. J. Clin. Pathol. 2003;56:161-63.