5.4 La cultura de la seguridad: prevención primordial de los sucesos adversos

La cultura se define como el conjunto de valores, actitudes y comportamientos predominantes que caracterizan el funcionamiento de un grupo o una organización 1. En definitiva, la cultura de un determinado hospital, servicio o centro de salud, es el modo en que se sienten y se hacen “las cosas" en el mismo.

  • La cultura de seguridad es el resultado de valores, actitudes, percepciones, competencias y patrones de conducta de los individuos y el grupo que desempeñan su actividad en un determinado hospital, centro de salud,  servicio clínico, etc. Actualmente, la cultura predominante en los escenarios en que se presta la asistencia sanitaria se caracteriza, entre otros aspectos por los siguientes 2,3 :
    La seguridad es una propiedad accesoria y secundaria del sistema y no una cualidad inherente y prioritaria.
  • El silencio y la ocultación de los fallos y errores que ocurren y se cometen son conductas habituales, debido al temor a sanciones, litigios y pérdida de crédito y prestigio profesional.
  • Prevalecen las actuaciones reactivas frente a la aparición de efectos adversos más que las dirigidas a preverlos y evitarlos.
  • Predominio del individualismo sobre el trabajo en equipo. Persiste una actitud artesanal de la práctica clínica que se expresa en una notable variabilidad de la misma.
  • Ejercicio de una medicina defensiva que favorece los errores y efectos adversos ligados a la sobreutilización.
  • Confianza excesiva en dispositivos y tecnologías médicas, a veces insuficientemente evaluadas.
  • Despersonalización de la asistencia, que se acompaña de una atención centrada en el profesional y la tecnología, más que en el paciente.
  • Conseguir cambiar la cultura de ocultación de los errores o de simple reacción frente a los efectos adversos por otra, en la que los errores no sean considerados fallos personales, sino consecuencia de la interacción de múltiples factores y oportunidades para mejorar el sistema y evitar el daño, es el primer paso para mejorar la seguridad del paciente 4, 5.
    Lo más importante cuando surge un problema no es “¿Quién?”, sino “Qué ocurrió”, “¿Cómo”, “¿Cuándo?”, “¿Por qué?”, “¿Cómo se podría haber evitado?” y “¿Qué puede hacerse para que no vuelva a ocurrir?”. Este planteamiento supone un cambio cultural caracterizado por:
  • Considerar la seguridad como componente esencial de la calidad asistencial y una prioridad del sistema, de modo que hacer las cosas bien sea lo “natural”.
  • El desarrollo de un sistema de gestión del riesgo asistencial, con un talante y una conducta proactiva para detectar los problemas antes de que se manifiesten.
  • Fomento de un clima de lealtad, comunicación abierta y confianza entre gestores, profesionales de la asistencia y pacientes, dirigido a obtener como beneficio, una mayor confianza de los pacientes en el sistema y sus profesionales y unos profesionales motivados y satisfechos con su trabajo.
  • Trabajo en equipo.
  • Estandarización de procedimientos basados en el mejor conocimiento disponible, a fin de reducir la variabilidad de la práctica clínica y mejorar su  eficiencia y efectividad.
  • Atención centrada en el paciente, mejorando los aspectos de transparencia de la comunicación, respeto y participación en la toma de decisiones.
La existencia de una cultura con tales caracter ísticas constituye la prevención primordial de la aparición de efectos adversos relacionados con la asistencia y un requisito irrenunciable para conseguir la calidad y la sostenibilidad por los sistemas sanitarios del siglo XXI. Estos deberían caracterizarse, de acuerdo al informe Crossing the Quality Chasm 6 por las siguientes reglas:
  • Basarse en unas relaciones de continuidad. Además de las visitas tradicionales cara a cara, el sistema desarrollará otras fórmulas de atención a través de Internet, teléfono y otros medios.
  • Atención en función de las necesidades y valores del paciente.
  • Decisiones compartidas con el paciente, para los que se les debe proporcionar la información necesaria y adecuada para que puedan tomar decisiones en relación a su salud.
  • Comunicación. Profesionales sanitarios y pacientes deben comunicarse de forma efectiva y compartir la información.
  • La toma de decisiones clínicas debe basarse en el mejor conocimiento disponible. Los cuidados no deberían variar sin razón justificada.
  • La seguridad debe ser una propiedad inherente al sistema. Los pacientes deben estar a salvo de lesiones y accidentes debidos a la atención recibida. Reducir riesgos y asegurar la calidad requiere gran atención a los sistemas a fin de evitar los errores y mitigar sus consecuencias.
  • La transparencia es necesaria. El sistema debe proporcionar a los pacientes y sus familiares, la información que les permita tomar decisiones informadas para escoger centros, facultativos o tratamientos alternativos. La información debe incluir datos sobre el funcionamiento del sistema en cuestiones de seguridad, práctica basada en la evidencia y satisfacción de los pacientes.
  • El sistema debe anticiparse a las necesidades de los pacientes. Debe ser proactivo y no reactivo frente a los problemas.
  • El sistema no debe minimizar las perdidas de recursos y de tiempo.
  • La colaboración entre el personal sanitario es una prioridad. Facultativos e instituciones deben cooperar activamente y comunicarse para asegurar la coordinación y un intercambio apropiado de información.
La importancia de la cultura de la seguridad ha sido puesta de relieve en el marco de los pa íses de la Unión Europea por medio de la Declaración de Luxemburgo aprobada en el año 2005 7. En ella se reconoce que el acceso a una asistencia sanitaria de calidad es un derecho humano fundamental y que la mejora continua de la calidad asistencial es un objetivo clave, tanto para la seguridad de los pacientes como para la gestión eficiente de los sistemas de salud, instando a las autoridades nacionales de los diferentes países a crear una cultura centrada en el aprendizaje a partir de incidentes y sucesos adversos en contraposición a la culpa, el reproche y el correspondiente castigo.
En la tarea de promover la seguridad del paciente y, por extensión, de la calidad se deben involucrar, además de los profesionales sanitarios y la administración sanitaria; organizaciones profesionales, de pacientes y de consumidores, sociedades científicas, agencias, organismos internacionales, medios de comunicación, etc… A todos beneficiará su desarrollo.
 



1. Pronovost P, Sexton B. Assessing safety culture: guidelines and recommendations. Qual. Saf. Health Care 2005;14;231-33.
2. Westrum R. A typology of organisational cultures Qual Saf Health Care 2004;13(Suppl II):ii22–ii27.
3. Amalberti R, Auroy Y, Berwick D, Barach P. Five system barriers to achieving ultrasafe health care Annals of Internal Medicine 2005; 142; 9: 756-64.
4. Woodward S. Seven steps to patient safety. Rev Calidad Asistencial. 2005;20(2):66-70.
5. Hudson P. Applying the lessons of high risk industries to health care.  Qual Saf Health Care 2003;12 (Suppl 1):i7–i12.
6. Crossing the Quality Chasm. A New Health System for the 21st Century, Washington, D.C.: National Academy Press, 2001.
7. Luxembourg Declaration on Patient Safety. (acceso 28 de agosto de 2006). Disponible en http://ec.europa.eu/health/horiz_keydocs_en.htm.