5.2 Historia natural y prevención de los sucesos adversos

Un suceso adverso, -incidente o efecto- es la parte visible del iceberg de los problemas de seguridad del paciente. A su vez, un suceso adverso es la última fase de un proceso que ha comenzado con la interacción de múltiples factores.
Tomando como referencia el modelo del queso de Reason 1,2, detrás del mismo pueden existir fallos del sistema o condiciones latentes que facilitan su aparición; características personales del paciente tales como la edad, gravedad, comorbilidad e implicación en el proceso asistencial; y también, posibles errores del equipo asistencial.
En la historia natural del un suceso adverso pueden diferenciarse una serie de momentos y etapas determinantes:

  • Antes y después de que actúen las barreras del sistema existentes para evitarlos.
  • Antes y después de que las personas cometan errores que pueden desencadenarlos.
Por su parte, la prevención de los sucesos adversos, tiene una triple finalidad:
  • Disminuir el riesgo de que aparezcan.
  • Abordarlos precozmente para disminuir su evolución y mitigar las consecuencias.
Evitar su reaparici ón y reducir su impacto.

a) Prevención primaria

La prevención primaria de los sucesos adversos precede a su aparición y tiene como finalidad reducir su incidencia, incrementando aquellos factores que mejoran la seguridad del paciente y reduciendo aquellos que contribuyen a la aparición de errores y fallos latentes del sistema.
Actividades destacadas en este nivel de prevención son, entre otras:

  • Fomento de la cultura de la seguridad en la organización.
  • Formación y entrenamiento de los profesionales en técnicas y procedimientos complejos.
  • Evitar procedimientos diagnósticos y terapéuticos innecesarios y sin evidencia de su valor para el paciente.
  • Erradicación de procedimientos diagnósticos y tratamientos para los que existen alternativas más seguras.
  • Aplicación de la mejor evidencia disponible en las áreas de prevención, diagnóstico, tratamiento, cuidados y organización de la actividad asistencial: prácticas clínicas seguras, normativas y guías clínicas basadas en la evidencia.
  • Establecimiento de alertas clínicas encaminadas a evitar sucesos adversos.
  • Uso de tecnología de seguridad en aparataje médico-quirúrgico, dispositivos clínicos, sistemas de prescripción y dispensación de medicamentos,…
  • Diseño de procesos evitando la aparición de previsibles fallos y errores en su desarrollo (análisis modal de fallos y efectos).
  • Incorporación de sistemas de identificación inequívoca de pacientes.
  • Mejora de la higiene de las manos del personal asistencial.

b) Prevención secundaria

Por medio de la detección y abordaje precoz de los sucesos adversos, su finalidad es mitigar sus consecuencias para el paciente y los servicios sanitarios. Incluye, las siguientes actividades:

  • Mantenimiento de sistemas de vigilancia y notificación de incidentes y algunos efectos adversos, tales como infecciones nosocomiales, caídas de pacientes, úlceras por presión, reacciones adversas a medicamentos,…

    Además de facilitar la detección precoz de incidentes y efectos adversos, estos también contribuyen a la prevención primaria de otros sucesos adversos, ya que permiten conocer los factores que contribuyen a su aparición y establecer acciones preventivas dirigidas a evitarlos.
  • Mejora de los sistemas de comunicación entre estamentos profesionales y servicios, a fin de detectar lo más precozmente posible, situaciones de riesgo y sucesos adversos.

  • Actuación proactiva con el paciente, comunicándole precozmente la aparición del efecto adverso, las actuaciones a seguir para minimizar sus consecuencias y evitar que vuelva a producirse.

c) Prevención terciaria

Cuando los dos niveles anteriores han fracasado, el efecto adverso ha ocurrido, y sus consecuencias clínicas son patentes; el objetivo de las actuaciones a desarrollar es doble: reducir el impacto y las consecuencias derivadas del efecto adverso: incapacidad, dolor, complicaciones clínicas (iatrogénesis en cascada), litigios,...  y evitar su reaparición.
A tal fin, las actividades más apropiadas son las siguientes:

  • El análisis detallado, profundo y pormenorizado de las causas que han contribuido a la aparición del efecto adverso, por medio de la técnica del análisis de causas raíz u otras similares.

  • El dialogo,  -cuidadosamente planificado-, con el paciente y la atención clínica y personal esmerada al paciente que ha sufrido el efecto adverso.
  • La actuación de comités de conciliación y negociación de las indemnizaciones a que hubiera lugar.

    Además de los niveles clásicos anteriores, se ha comenzado a hablar más recientemente de un cuarto nivel de actuaciones, agrupado bajo la denominación de prevención cuaternaria, que incluye aquellas acciones desarrolladas para atenuar o evitar las consecuencias del intervencionismo médico excesivo, innecesario y sobre el que existe insuficiente evidencia y alternativas éticamente aceptables 3,4.
 



1. Ver información adicional en Unidad 4, en apartado sobre Errores en la práctica Clínica.
2. Reason J. Human error: models and management. BMJ 2000; 320: 768 – 70.
3. Gervás J, Pérez-Fernández M. Genética y prevención cuaternaria. El ejemplo de la hemocromatosis. Atención Primaria 2003;32:158-62.
4. De Rosier J, Stalhandske E, Bagian JP,  Nudell T. Using Health Care Failure Mode and Effect Analysis: The VA National Center for Patient Safety’s Prospective Risk Analysis System.  Journal on Quality Improvement 2002;28:248-67.